Detener el tiempo cuando todavía se está en movimiento es pensar. Todo aquello que uno piensa, tiene magnetismo envolvente y desenvolvente tantas veces como la atracción lo requiera; porque de eso se trata, de ser atraído y, a la vez, ser objeto de atracción. Corrección, ser sujeto de atracción. Se trata de estar sujeto a algo que no existe de forma física, es algo magnético.
Vivir es la llama de los sentidos. La vida todo lo piensa, o al menos eso intenta. ¿Siente la vida más de lo que piensa?. Crecemos, y con nosotros, de manera paulatina y (vamos a imaginar) proporcionalmente aumenta nuestro deseo de querer pensarlo todo, de querer estar aquí y allí, de querer hacer esto y aquello por mi, por el otro y por todos. Quererlo todo, pensarlo todo.
Y hablando de la vida, la muerte. El día que se haya pensado todo, ése día es el fin del magnetismo. Si no atrae no es pensado o ¿si no es pensado no atrae?. No importa, de todas formas, el día que se haya pensado todo, ya no estaremos acá para atraer o ser atraídos. Fin del magnetismo.
Es así como, en un último intento por atraer, el magnetismo nos trae el temor. Temer viene de la mano de lo nuevo y es así como un pensamiento más nos acerca al "pensarlo todo". Es eso, es un pensamiento nuevo. Maldito pensamiento nuevo. Crisis.
El pensamiento nuevo nos viene a molestar, pero nos gusta. Viene a contarnos más acerca de la vida y la llegada a la muerte. Es un pensamiento que cuenta, y cuenta mucho, pero a veces cuenta lo que no se quiere oír.
Es así como, en éste momento, mi temor aumenta y mi corazón late más fuerte, porque todo ésto no lo había pensado nunca.
Vivo y muero en un pensamiento.
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