Explotó. Ella explotó y llenó a los dinosaurios de chocolate; su dulzura extrema, ahora plasmada en piel de reptil, no deja sino una sensación de cierta soledad bipolar. Los dinosaurios esconden ahora, sobre un manto de dulce y caliente chocolate, sus relaciones de sangre fría. El plástico derrotó al metal.
Ella explotó la noche del sábado. Se sintió presionada. El filo de los dinosaurios rompió con su capa más fuerte, ella no pudo hacer nada. Ya había sido pisada, aplastada y desparramada por todo el agujero negro en dónde ella co-habitaba con los dinosaurios.
Sangre de chocolate, pintura para dinosaurios.