lunes, 23 de enero de 2012

Corrida de Toros.

Nos preparábamos para vivir lo mejor. Pantalón, cinturón y zapatitos cómodos fueron los elegidos para esperar que el tiempo haga de nosotros un feliz recorrido turístico.
Yo no sabía de la existencia de la corrida de toros en Buenos Aires, pero parece que existe.
Es un movimiento cultural (diría) aún en éstos tiempos; movimiento que llegó a mi
sin esperarlo. Menos mal que tenía los zapatitos cómodos.
Sinceramente venía todo muy bien, demasiado tranquilo diría, se manejaban nuestros actos bajo una nube de paciencia, bondad y ganas de abrazarse. Pero la corrida de Toros
era un hecho inminente que yo ignoraba.
Investigué como pude, la existencia de este acto en Capital Federal (más precisamente) y me sorprendí al notar que éste festejo se llevaba a cabo hace tiempo ya. ¡Yo no lo sabía!.
Participé en una corrida de toros.
La experiencia es de lo más desagradable, al principio intenté correr para que los toros no me alcancen, pero me di cuenta que era una posibilidad imposible de
sostener. Los toros me pisotearon, me clavaron sus cuernos, me mataron por dentro... me carnearon; mi cuerpo, expuesto al Sol y a la Luna, estaba deseoso de que hagan con él no más que morcillas.
Mi sangre se tornaba de un raro color marrón. Ya no era humano. No puedo explicar bien como me sentía, no por no querer recordar, sino porque justamente creo haber dejado de sentir. Convertirme en un pedazo de "algo" no me importaba. Que me muevan, que me sostengan, que me corran... corrida de toros era lo que me había pasado por encima.
Al abrir los ojos pude pensar un poco mejor. Mi sangre volvióse roja poco a poco, eso sólo podía significar una cosa: mi corazón estaba abandonando su forma de pequeño guijarro para adoptar la original.
Ahora estoy reconstruyendo lo que queda de mi, y esperando no estar el próximo 7 de Julio.